La traición tiene nombre en la CANACAR
Redacción/SV
Aún no transcurría siquiera el primer trimestre de la nueva administración de CANACAR que hoy preside Augusto Ramos Melo, cuando ya comenzaban a tejerse alianzas políticas, que hoy generan serias dudas sobre las verdaderas motivaciones de algunos de sus protagonistas.
Rómulo Mejía, quien se asume como el dueño y señor de la Cámara, convencido de que todos le deben su cargo, su influencia y hasta sus convicciones, ahora parece repartir favores, posiciones y lealtades como si fueran patrimonio personal, incluso cuando ello implique respaldar a quienes ayer decía combatir, se une a César Armando Limón Ambrosius y a su patiño, el senador Luis Antonio Exsome
Esto para la difusión de información relacionada con la carpeta de investigación VER 1-1842-25, referente a presuntos hechos como lo han calificado ellos mismos, de “falsificación y fraude corporativo” de una empresa privada, utilizándola —según diversos señalamientos— como un instrumento para desacreditar a quien actualmente encabeza la Delegación y recuperar el poder que tanto anhelan.
Rómulo, quien quiere ser Precidente con “c” ofrece su apoyo y contactos a Armando Limón, a cambio de que se una a sus propias aspiraciones políticas. Una escena que inevitablemente recuerda la historia de Caín y Abel, cuando la ambición termina imponiéndose sobre la lealtad.
Rómulo ahora se quiere convertir en Rey cuando apenas se están forjando las raíces de una administración manipulada por años y por varios, entre ellos el senador Exsome, a cambio de intereses personales. más que para beneficiar a la industria.
La lucha por el poder parece haberse adelantado, Rómulo no quiere dejar pasar más tiempo para tomar el poder de una industria que hoy no necesita más enemigos, dejando en segundo plano los intereses de los transportistas y de la propia institución.
