Entrega Osvaldo Serna apoyos en colonia Unión Pueblo
Redacción/SV
Como se dice de manera popular, Osvaldo Serna fue “hasta la punta del cerro” a entregar apoyos sociales.
Si el cerro del Topo Chico hablara, denunciaría con la voz de un gigante que en la colonia Unión Pueblo hay escasez económica, enfermedad y, sobre todo, abandono institucional.
Es claro que a ese sector no han llegado, no han subido, candidatos ni gobernantes, menos diputados, los representantes populares que se han hecho famosos por nunca regresar a sus distritos: “siquiera a escuchar”.
Pero, ahora llegaron las organizaciones vecinales TESER llamadas por los habitantes de la Unión Pueblo que recibieron ayuda y oídos para escuchar sus padecimientos. Es gente muy noble, pues, Osvaldo Serna entregó despensas y bajó de la montaña cargado de bendiciones:-”Dios lo bendiga”-. “Vaya con Dios”-.
Y la gente desea que las organizaciones vecinales TESER vuelvan con más apoyos y sobre todo gestiones para aliviar la enfermedad, los estudios y tratamientos médicos.
Al fondo el barrio está limitado por las enormes paredes antinaturales que le hicieron las pedreras al cerro. La todavía imponente montaña lloraría con lamentos de trueno las bárbaras heridas que -durante décadas- le causaron las insaciables pedreras.
El cerro presenta los guadañazos en una imagen que ilustra claramente los estragos del capitalismo salvaje y depredador que, sí, ha urbanizado la antigua ciudad chaparra y sucia, aunque, con crueles consecuencias, como la contaminación metropolitana apreciable desde las alturas, allá, en la colonia Unión Pueblo.
“¡Miren la contaminación ambiental allá abajo!”, señala el periodista divisando la mentada “nata” que provocan la industria y los escapes de millones de vehículos que circulan por la metrópoli, aunque sólo se la quieren achacar a la refinería de Cadereyta.
El vehículo de Osvaldo Serna rugía y se quejaba cuando remontaba la cuesta arriba con calles en laberinto. Sólo la pericia al volante del líder sindicalista nos llevó hasta el barrio de los vecinos, ante un pozo, ante la inmensa pared que hacía ver el alma y el corazón del cerro Topo Chico, famoso por sus manantiales, agredido descaradamente por las pedreras.
“Sí, así lodejaron las pedreras”, coincidieron en señalar las vecinas y vecinos cuyas casas están levantadas mediante la autoconstrucción al pie de un enorme risco.
”¿Esos riscos no crujen, no se han caído?”, pregunta el reportero: ”No”, responde una vecina cuya vivienda tiene una pequeña pieza con un techo aferrado con piedras y blocks contra los ventarrones en las alturas de Monterrey, la ciudad de las montañas…agredidas en sus bosques, suelos, y en sus vetas y en sus canteras.


