POLÍTICA Y GENTE

Por Pedro García

Además de los efectos negativos que Morena podría registrar por sus pleitos internos, hay otro factor de gran riesgo como es el peligro de que el partido creado por López Obrador caiga en manos de los que medran con la política, con el interés siniestro de apoderarse de los órganos de decisión, operar el ulterior desplazamiento de la izquierda y la evaporación de la esencia obradorista, lo cual puede ocurrir más temprano que tarde, en Nuevo León y en todo el país.

Contra eso debe luchar el dirigente interino Alfonso Ramírez Cuéllar y los genuinos seguidores de AMLO del comité ejecutivo nacional de Morena, y los que hay en las entidades federativas.

Existe un riesgo inminente de que Morena sea asaltado por profesionales de la intriga, encantadores de serpientes que pueden meterse –si no es que ya lo están- hasta la médula del obradorismo para, con el poder del dinero, obtener concesiones con cargos de elección popular y de ahí para adelante tomarlas riendas del partido para no soltarlas jamás.

Morena está en riesgo de ser invadido por impostores, lobos investidos de ovejas.

El asalto de Morena es factible toda vez que las estructuras de ese movimiento-partido en los estados son raquíticas y candorosas.

En la pasada elección del 2018 hubo mucha información pública sobre triquiñuelas que se convinieron para ceder espacios de poder a intrusos oportunistas respaldados por grandes “padrinos” de la política, y será muy difícil que los obradoristas se los quiten de encima.

Todavía no arranca el año electoral y ya se aprecian convulsiones al interior de Morena en todo el país a consecuencia de soterrados y superficiales embates de los intrusos para dar un golpe formidable al movimiento obradorista, junto con los duros ataque que seguirán contra el concepto de gobierno de la Cuarta Transformación.

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